Comunicación Consciente

MiIndfulness de UW Health en Flickr

Foto “MiIndfulness” de UW Health en Flickr

El estrés se produce en muchas ocasiones por los problemas de relación que tenemos con los demás, donde la comunicación puede ser una fuente de conflicto. No nos entendemos, nos dicen o decimos las cosas de tal manera que se producen malentendidos, desacuerdos y no conseguimos el objetivo que deseábamos. Para evitar estas situaciones, reducir el estrés y ser más feliz, tenemos la comunicación consciente que se nutre de la amabilidad hacia nosotros y hacia los demás, una de las bases de Mindfulness y que estamos citando constantemente.

Para empezar, es necesario ser amables con nosotros mismos, aceptándonos completamente, con nuestras virtudes y nuestra debilidades. Desde esta amabilidad conseguimos una sana autoestima. No necesitamos buscar constantemente el reconocimiento de todos -algo ciertamente imposible-, nos sentimos bien, nos queremos y nos sentimos completos tal y como somos.

Como consecuencia de la amabilidad y de nuestra sana autoestima también somos amables con los demás, reconociéndoles diferentes y completos. La diferencia es en realidad una suerte, que no seamos iguales nos hace las relaciones y la vida más rica y estimulante. En la aceptación de esta diferencia desarrollamos empatía y podemos entender que no tengan la misma visión de las cosas que tenemos nosotros y, con ese entendimiento, respetarlos. Nos relacionamos con ellos de igual a igual, no nos vemos ni superiores ni inferiores.

Así, nos comunicamos de manera asertiva: reconocemos y defendemos por igual nuestros derechos y los derechos de los demás. No buscamos imponer nuestras ideas, no queremos ser los vencedores, sino llegar a acuerdos donde todos ganamos.

Como respetamos y defendemos nuestros derechos, sabemos decir NO cuando queremos poner límites, sin sentirnos por ello culpables, con amabilidad y respetando los sentimientos de los otros. Sabemos expresar nuestros sentimientos, hablamos desde como nos sentimos y no hacemos afirmaciones categóricas o rotundas, como decir: “Esto es así porque lo digo yo” o “no tienes razón”. Si, por ejemplo, no queremos ir a una cena a la que hemos sido invitados -por los motivos que sea y que para nosotros son importantes: para descansar, para estar con la familia…- y un amigo nos insiste, podemos agradecerle el interés, explicarle cuál es el motivo y proponerle una alternativa, quedar con él otro día, hacer otra actividad…

Esta comunicación se basa también en una gestión eficaz de las emociones. Nos comunicamos serenamente sin dejarnos arrastrar por emociones que nos alteren como la ira y el miedo. Podemos sentirlas, reconocerlas, aceptarlas y gestionarlas. Cómo resultado de este respeto y valoración hacia los demás obtenemos también su reconocimiento.

Por lo tanto, cuando nos comuniquemos y relacionemos, podemos observarnos con Atención Plena y descubrir cómo de verdad lo hacemos. No cómo nos gustarías o nos han dicho que debemos comunicarnos, sino cómo sucede realmente. Podemos gestionar nuestras emociones, trascender el miedo y la ira, para ir construyendo cada vez más una manera de comunicarnos que sea respetuosa con nosotros y con los demás, una comunicación más consciente.

FacebookTwitterGoogle+Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *